La eficiencia es uno de los principales factores que determinan la competitividad de una empresa. Sin embargo, existen pérdidas que, aunque pueden parecer pequeñas dentro de la operación diaria, terminan impactando significativamente la productividad y rentabilidad. Las mermas representan uno de los desafíos más importantes para los fabricantes de alimentos.
Reducir mermas no consiste únicamente en disminuir desperdicios de materia prima; también implica optimizar procesos, mejorar la estabilidad de la producción y garantizar que cada etapa aporte el máximo valor posible. Para lograrlo, es fundamental comprender dónde se originan las pérdidas y cómo pueden gestionarse mediante tecnologías que permitan un mayor control operativo.









